Un poco de mí

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"Un quilombito lindo". Diecinueve años. Mambos y un par de cicatrices. Fobia al fracaso. Odio al chocolate. Amor por los libros (y la birra). Pero sobre todo, con un miedo particular al olvido; por eso escribo, "porque la memoria puede fallar pero lo escrito en este blog no falla, no se borra y no se pierde".

sábado, 1 de agosto de 2015

Unas velitas más.

Los "no" y los "peros" eran Trending Topic en tus comentarios. Tus "no" con aroma a "tal vez". Tus "pero" con sabor a "quiero". Tus ojos gritando "quizás". Tus manos actuando para darle seguridad a tus palabras. Y yo temblando. Y vos agregándole dudas e imposibilidades a todo esto que nunca tuvo nombre.
(Hablás como si todo lo que decís te lo estuvieran escribiendo)
De repente no dejabas de escupir cuchillos en forma de palabras, y una por una iba clavándose dentro mío.
Traté de ponerme en tus zapatos, traté de descifrarte y aceptar que esto sencillamente, como decís vos, no puede ser. Miraba tus gestos mientras trataba de aceptarlos, de tragarlos. Choqué mis ojos con los tuyos con la esperanza de poder comprender. Por primera vez quise que alguien que no fuera yo tuviera la razón. Quería poder decirte que tenés razón, que no estás equivocado. Y vos seguías. Vos seguías y yo trataba de buscarle la vuelta para poder asimilarlo. Hasta quise convencerte (y convencerme) que lo hacía. 
(Te movés como si todo lo que hacés te lo estuvieran sugiriendo)
En lo más profundo de todo lo que soy rogaba poder darte la razón...
Quisiera poder entender la importancia del qué dirán. Quisiera poder preocuparme por lo que piensen mis viejos. Me gustaría poder entender que somos diferentes. Me gustaría poder darle la razón a cada pero de tus argumentos. Desearía poder vernos desde el punto de tus excusas con olor a miedo. Anhelaría poder dejarme caer en la moral de esta sociedad y entender que esto no puede funcionar sólo porque tenés un par de velitas más en tu torta de cumpleaños. Anhelaría poder darte la razón, huirle a todo lo que nos pasa y conformarme con lo que tus miedos y los míos nos murmuran al oído. 
Pero no puedo.
Puedo llegar a entender que sea imposible pero no puedo entender (ni queriendo) que bajes los brazos antes de intentarlo. No puedo entender cómo alguien se puede dejar llevar por la corriente. Como vos, ¡vos!, podés dejarte llevar por la tibieza mediocre de pensar en las consecuencias de un posible mañana. De un mañana que aún no existe y que depende de nadie más que vos y yo.
Porque puedo permitirme tener miedo, pero no puedo permitir que el miedo me paralice. Porque no puedo dejar de apostar por algo que me hace bien. Porque para dejar de intentar ya vamos a tener tiempo. No logro simpatizar con la gente que no se la juega por lo que siente. 
(Creo entender que tus intenciones me afectan seriamente)
La puta que te parió, te quiero. ¿Podés entendes que te quiero? Teniendo en cuenta todas las putas consecuencias, las tuve en cuenta una por una y no me importó. No me importó sabiendo que podías romperme el corazón, ¿sabés? Y así estoy, y no me arrepiento. Porque, querido amigo, pese a las tantas velitas que nos llevamos, lamento tener que confesarte que no hay arrepentimiento peor que el de quedarse con las ganas de haber intentado.
Dejate querer, no seas tibio. 

1 comentario:

Anónimo dijo...

Que lindo escribís, guach ita. Sabía que había algo más que esas piernas, pero no pensé que tanto. ¡Salud!