Un poco de mí

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"Un quilombito lindo". Diecinueve años. Mambos y un par de cicatrices. Fobia al fracaso. Odio al chocolate. Amor por los libros (y la birra). Pero sobre todo, con un miedo particular al olvido; por eso escribo, "porque la memoria puede fallar pero lo escrito en este blog no falla, no se borra y no se pierde".

domingo, 25 de septiembre de 2016

Carta a los traidores

Queridos, ¿se acuerdan de mí?
Alguna vez compartimos la misma mesa y hasta el mismo vaso. Hemos comido el mismo asado y perfumados con la misma fragancia del humo de parrilla de un domingo al mediodía. Hemos gritado los mismos goles frente al mismo televisor en el mismo sillón.
Espero que aún guarden algún recuerdo de mí. Si es que la envidia, el rencor y el odio no sepultaron nuestras fotos en el fondo de sus memorias. 
El ser humano es un ser tan raro. Cada vez veo más humanos... Y menos humanidad. 
Siempre admiré la capacidad que tenemos de ser solidarios, de brindar ayuda, de ELEGIR no ser uno más de los que mira y no ve. O mejor: ve y da vuelta la cabeza, autoconvenciéndose de que en realidad no vio nada. 
Mis viejos siempre me dijeron que cada vez que pueda le dé una mano a quien lo necesite. No solo me lo dijeron con palabras, sino que me lo enseñaron con demostraciones. Quizás sea porque ellos vienen de lugares humildes y saben lo que es que lo necesario falte. Siempre digo que uno no puede ni aunque quiera ponerse en el lugar del otro porque nunca va a poder imaginarse lo que es verdaderamente atravesar lo que atravesó el otro, al menos que lo viva.  Por ejemplo, yo nunca pude entender el drama de mi amiga de segundo año cuando lloraba porque sus viejos se estaban separando, porque afortunadamente mis viejos están juntos. Quise, intenté, pero nunca entendí su dolor como ella hubiera querido. En fin...
Sin embargo, uno ayuda siempre de buena fe y del otro lado, lamentablemente, no siempre hay buena gente. Debería decir que esto es una locura. "¡Hermano! ¡Te estoy ayudando! ¿En serio atentás contra mi?" 
La solidaridad en tiempos como los de hoy se extingue por gente como esa. Le das la mano y con la otra están contando los segundos que le vas a servir, y cuando la cuenta regresiva llegue a cero "Si te conozco, no me acuerdo!" 
El desagradecido está en el top 5 de las lacras de la sociedad. Porque de a poco van disminuyendo las ganas de ayudar. Porque te hacen creer fervientemente de que sos un idiota y que no hay que ayudar a nadie. Y gota tras gota la solidaridad se va agotando y uno se vuelve, de a poquito, de esos que miran y siguen de largo. "Yo y nada más". 
Hasta que pensás y decís... "¡Con razón estaban así!"
Y cuando mirás mejor, te das cuenta que toda la oscuridad en la que se encontraban se la merecían. Que la vida les dio eso porque eso era lo que tenían que tener. Ni más ni menos. 
Pero, al fin y al cabo, uno se queda con la tranquilidad de que actuó bien, de buena leche. Uno puede apoyar la cabeza en la almohada y saber que hizo lo que creyó mejor. Uno puede cerrar los ojos y que los fantasmas estén calladitos, domesticados. Y eso, queridos amigos, no vale ni toda la guita que estos, que andan en todos lados disfrazados de amigos incondicionales, no te devolvieron.
La paz de no ser un garca es impagable. 
No voy a apoyar la idea de que no hay que confiar ni ayudar a nadie. No creo en eso. Aún queda gente que puede ver los buenos gestos. Gente la cual la codicia no ha podido con ella. 
Pero sí estoy muy segura que la vida es un boomerang y, como dice una canción: "todo lo que hagas vos, va a volver a buscarte". Todo vuelve y el karma existe. 

Los traidores no merecen la gloria.
Que les sea leve. 

1 comentario:

Anónimo dijo...

chinita, qué tal, me puse a leer ésta entrada, y quería decirte que sos una persona hermosa, con todo lo que eso abarca, y que por más que nos haya costado entendernos la una a la otra, por más que no pudimos ponernos en el lugar de la otra, y eso nos haya distanciado, nunca voy a dejar de pensar lindo de vos, nunca voy a dudar de vos ni de tu buena leche, y por eso entiendo que tampoco te dudes vos, nunca te dudes... espero cruzarte en sociales algún día, besos, tu compañera de segundo año (que creo que soy yo)